Miedos y Fobias

El miedo y las fobias son uno de los problemas más comunes en los perros, aunque no siempre son tenidos en cuenta o no siempre se les presta la atención que requieren,

El miedo es un estado de inadaptación o intolerancia frente a uno o varios estímulos, que pueden ser concretos o bien de carácter más inespecífico. Las fobias, por su parte, pueden definirse como miedos intensos e irracionales hacia determinados estímulos, situaciones o personas.

El miedo en realidad es bueno ya que permite al animal reaccionar frente al estímulo o estímulos que lo provocan, preparándole para luchar o huir; es decir, el miedo es necesario para la supervivencia (igual que ocurre con el estrés); el problema surge (del mismo modo que en el estrés), cuando ese estado de miedo es exagerado, imposibilitando al animal a reaccionar adecuadamente frente al estímulo desencadenante, de forma que es incapaz de gestionar y actuar correctamente.

Por desgracia, muchos casos de miedo no son tratados si el animal no manifiesta ninguna conducta que suponga un problema directo para el propietario; esto es un gran error, ya que el bienestar de ese animal está seriamente comprometido, y además cuanto más tiempo se deje pasar sin resolverlo peor será el pronóstico, el problema podrá ir a más, y más largo y complicado será el tratamiento. Como comenté en la entrada sobre agresividad canina, más vale prevenir que curar, pero en caso de que ya se manifieste el problema, es mejor atajarlo cuanto antes.

Tres son las causas principales que pueden generar problemas de miedo o fobia en un perro:

Experiencias traumáticas sufridas en el pasado, especialmente durante la etapa de cachorro. Generalmente se asocian a uno o varios estímulos concretos, fácilmente reconocibles. Por ejemplo, si el animal tuvo una mala experiencia con niños, es posible que desarrolle un estado de miedo y ansiedad cuando se encuentren niños presentes.

Incorrecta socialización durante la etapa de cachorro. Hasta los dos meses de edad, el cachorro debe permanecer junto a la madre y sus hermanos para conseguir una correcta socialización canina. A partir de los dos meses, edad ideal para adoptarlo o comprarlo, es deber del propietario socializar al animal con cuantas más personas, lugares y situaciones sea posible, para que se habitúe a ellas y las vea como algo normal. Si esto no ocurre, o no se hace correctamente, puede surgir el miedo frente a estímulos o situaciones que en apariencia deberían ser normales.

Temperamento miedoso heredado. El miedo presenta una heredabilidad media-alta, por lo que en algunos casos se debe a una descendencia genética de los progenitores. Estos son los casos más difíciles de tratar, y los que más requieren un correcto y minucioso proceso de socialización.

Algo importante a tener en cuenta en los casos de miedo y fobia, es que en ocasiones el animal comienza desarrollando miedo hacia un determinado estímulo, y con el tiempo lo generaliza a otros estímulos similares; por ejemplo, un perro/gato que comienza manifestando miedo al ruido de los coches, puede acabar temiendo el ruido de coches, motos, camiones, y demás vehículos, e incluso llegar a asustarse ante cualquier ruido o sonido fuerte (petardos, truenos,…). Lo mimo puede ocurrir, por ejemplo, con el sonido del timbre, que luego se extrapola al del teléfono y demás sonidos habituales en la casa. En otras ocasiones, sin embargo, ocurre lo contrario: el animal desarrolla miedo frente a un estímulo concreto (por ejemplo el sonido del timbre), pero no frente a otros similares en el mismo entorno (sonido del teléfono).

 

En cuanto al tratamiento de los problemas de miedo y fobias, existen 2 alternativas:

1) Tratamiento farmacológico: atenua los síntomas del miedo, pero no resuelve el problema como tal; esta opción es la más cómoda y rápida para el propietario pero solo ayuda a controlar el problema, no a resolverlo.Los fármacos de elección son los ansiolíticos, como las benzodiacepinas.

2) Manejo y tratamiento conductual: es esta la opción ideal para resolver el problema, si bien requiere tiempo, paciencia y mucho trabajo y constancia por parte del propietario. Puede combinarse junto al tratamiento farmacológico y/o junto a terapias complementarias, como el uso de Flores de Bach, una vez diagnosticado bien el caso particular del animal a tratar. Las técnicas de modificación de conducta más empleadas para casos de miedos y fobias son:

Habituación: consiste en exponer al animal frente al estímulo o estímulos desencadenantes, de forma repetida y progresiva, es decir, poco a poco y tantas veces como sea necesario. Con ello perseguimos conseguir que el animal se acostumbre (se habitúe) a dicho estímulo. Para ello es importante no presentarle esos estímulos de forma exagerada, ya que de lo contrario no solucionaremos el problema, sino que lo estaremos agravando y empeorando cada vez más; por ellos es importante observar bien al animal, y comenzar presentándole el estímulo a niveles mínimos, teniendo cuidado de que no reaccione negativamente frente a ellos, si esto ocurre, quiere decir que nos hemos pasado, por lo que deberemos dar un paso atrás y reducir la intensidad del estímulo. Solo reforzaremos al animal con premios o recompensas cuando esté totalmete tranquilo y en calma (que es la conducta que buscamos), ya que de lo contrario reforzaríamos el estado de miedo, por lo que tampoco resolveríamos el problema.

Para entender mejor esta técnica, veamos un ejemplo: si un perro tiene miedo a los petardos, y cuando los escucha se bloquea, inicia una rección de huida/escape, o se queda paralizado, la forma de habituarlo podría ser la siguiente: comenzamos poniendo una grabación de petardos en casa, a un volumen muy bajo (recordar que el oído del perro es 4 veces más sensible que el del ser humano). Si el animal no muestra miedo, podremos incrementar un poco el sonido de la grabación, pero siempre levemente; en caso de que comience a mostrar señales de miedo, nos habremos pasado y deberemos bajar el volumen. La operación se repite hasta que el animal tolera el ruido a un volumen más elevado. En ese momento, comenzamos a trabajar la situación real: primero con petardos de escasa intensidad (bombetas, por ejemplo), que tiraremos a gran distancia del animal; progresivamente iremos tirando las bombetas más cerca de él, hasta que sea capaz de mantenerse en calma cuando la bombeta cae casi a su lado; en ese momento, se repite la operación pero con petardos de mayor intensidad (¡¡no tracas ni petardos de gran sonido!!) de la misma forma. Los tiramos a distancia (incluso puede usarse una caja, manta o cualquier elemento que atenúe aún más el sonido), y vamos aproximando poco a poco. Sobre el papel, suena sencillo, pero podéis imaginaros el tiempo que se necesita para habituar al perro a esta situación. Esto es algo que el propietario debe tener claro, pues muchos problemas de miedo y fobias no se solucionarán en un abrir y cerrar de ojos, sino que requerirán semanas o incluso meses.

Inundación: es un proceso opuesto al de la habituación, es decir, se somete al animal al estímulo que desencadena la reacción de miedo, sin darle la posibilidad de huir o escapar de ella (ya que ello sería un refuerzo para él, por lo que no resolveríamos el prolema).  El animal se mantiene en dicha situación, hasta que muestre la conducta deseada (calma y tranquilidad). Sobra decir que esta técnica no debería emplearse en casos de miedos excesivos, solo en casos de miedos moderados, ya que de lo contrario podríamos traumatizar realmente al animal, llegando éste a bloquearse por completo.

Un ejemplo de inundación: perro que tiene miedo a los niños, lo llevamos a la salida de un colegio, a la hora punta, y le obligamos a permanecer tumbado y quieto hasta que de muestras de relajarse (solo en ese caso y en ese momento empezaríamos a reforzarle); otro ejemplo, en el caso anterior de miedo a los petardos, llevamos al perro a la Plaza del Ayuntamiento a la hora de la Mascletá y le obligamos a permanecer tumbado y quieto mientras dura ésta (aquí puede verse mejor la inviabilidad de esta técnica si el miedo es totalmente exagerado, pues lo único que conseguiríamos sería traumatizar al perro y lograr que se bloquee por completo y deje de gestionar).

Desensibilización sistemática: es una técnica similar al proceso de habituación, en la que el animal es expuesto al estímulo desencadenante justo por debajo del umbral que desencadena la respuesta de miedo, e ir incrementado la intensidad poco a poco.

Aproximación sucesiva: similar a las anteriores, exponiendo al animal al estímulo desencadenante a un nivel mínimo que garantice que no le va a producir miedo, no se va a traumatizar, y va a permitir que se pueda controlar. Debemos procurar que no lleve a cabo reacciones de huida o esape, para evitar que salga reforzado, por lo que deberemos conseguir que se habitúe al estímulo antes de que éste cese.

Contracondicionamiento: como su nombre indica, consiste en condicionar una situación o estímulo inicialmente desagradable, convirtiéndola en agradable para el animal. Para ello, evitamos que el animal se bloquee o entre en estado de miedo absoluto, distrayéndolo y reforzándolo con premios cuando deje de prestar atención al estímulo y se tranquilice y cese su estado de miedo. Por ejemplo, si un perro tiene miedo cuando ve a una determinada persona, en el momento en que la ve (es necesario que la vea), antes de que comience la reacción de miedo (bloqueo, huida,…), le distraemos llamándole y captando su atención; en el momento en que nos mire y deje de prestar atención a la persona, le recompensamos con comida y afecto, por ejemplo. Tras varias repeticiones, el animal asociará que cuando ve a esa persona, va a recibir una recompensa, por lo que en lugar de tratar de huir o bloquearse, como ocurría antes, se girará hacia nosotros esperando conseguir su recompensa.

 

Como podéis ver, la característica común a la mayoría de estas técnicas es la progresividad, el ir poco a poco, para que el animal se acostumbre al estímulo que le aterra, sin porovocar bloqueos o reacciones de huida o evitación. También podéis daros cuena de la importancia que tiene realizar una correcta socialización del animal, sobre todo cuando aún es cachorro, para que se habitúe por sí solo y desde un principio a toda clase de personas, animales, entornos y situaciones.

Para ir acabando, me gustaría hacer hincapié en un aspecto que por desgracia es muy común en estos casos. Las personas tendemos a intentar consolar o “proteger” a nuestra mascota cuando vemos que da muestras de miedo: le acariciamos, le miramos, le hablamos o, peor aún, le cogemos en brazos. ¡ESTO ES UN TREMENDO ERROR! No es un niño, es un perro, por lo que no debemos caer en la humanización o antropomorfización del animal, ya que con estas actitudes lo único que conseguimos es reforzar ese estado de miedo y ansiedad. Por muy duro que nos suene, lo mejor es no hacer caso al animal mientras se encuentra en ese estado: no hablarle, no mirarle, no tocarle y, sobre todo, no cogerlo al brazo. Solo debemos hacer esto cuando ha finalizado la conducta indeseada y el animal se muestra tranquilo, así reforzamos el estado de calma y relajación, en lugar de reforzar el miedo y la ansiedad.

Recordad que para resolver casos de miedo mediante técnicas de modificación conductual debéis ser pacientes y constantes, pues necesitaréis tiempo (semanas o incluso meses, según el animal y el caso concreto) para conseguir resolverlo. Podéis apoyaros en un tratamieto farmacológico y/o terapias complementarias, previo análisis de un profesional, y siempre bajo su supervision y seguimiento. No os desaniméis, tened paciencia, no forcéis en exceso al animal, y al final del recorrido se empezarán a ver resultados favorables.

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